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El PAN ante su encrucijada: entre la modernización estética y el retorno al catolicismo político

Monterrey, 5 de Noviembre del 2025

El 18 de octubre, el presidente del PAN, Jorge Romero, anunció el “relanzamiento” del partido, a 86 años de su fundación. En su mensaje, declaró el fin de la alianza con el PRI y afirmó que la nueva etapa se enfocará en la ciudadanía, particularmente en los jóvenes. Su discurso, cargado de referencias religiosas, presentó un logo modernizado y un lema que generó polémica por su similitud con consignas utilizadas por movimientos fascistas y grupos de ultraderecha en América Latina.

Sin embargo, las reacciones fueron tibias. Las críticas coincidieron en que los cambios son meramente superficiales, una estrategia de mercadotecnia política más que una renovación ideológica. Incluso entre simpatizantes panistas hubo reproches por la falta de una definición estratégica y de un verdadero proyecto de nación. No se ofrecieron propuestas claras sobre política social, economía, relaciones internacionales o seguridad pública, temas esenciales para cualquier partido que aspire a gobernar.

Tampoco queda definido el espacio ideológico que el PAN busca ocupar. En 2022, Eduardo Verástegui afirmó que México carece de un auténtico partido de derecha y acusó al PAN de traicionar sus principios fundacionales. Frente al auge mundial de las ultraderechas, lo calificó de un partido tímido y sin visión.

Surge entonces la pregunta: ¿acentuará el PAN su identidad católica y su vínculo con la Iglesia? Conviene recordar que el partido nació en 1939, una década después de la Guerra Cristera, en un contexto donde persistían sentimientos de revancha entre los católicos. Inspirado por el catolicismo social impulsado por el papa León XIII en la encíclica Rerum Novarum (1891), el PAN representó la vía democrática de participación política de los católicos tras el fracaso de la confrontación armada.

Hoy, el panorama del conservadurismo se reconfigura. A nivel global, la extrema derecha ha demostrado su capacidad de movilización y éxito electoral. En México, figuras como Verástegui o Eric Flores difícilmente llenarán ese vacío. El PAN deberá decidir si enfrenta o absorbe la corriente ultraconservadora que persiste en el país: el Yunque, ProVida, los Tecos, el Frente Nacional por la Familia, el Opus Dei o los sinarquistas, herederos de una tradición cristera más militante que democrática.

Esa nueva derecha, de base religiosa y discurso secular, reactiva miedos morales frente al feminismo, la diversidad sexual o el progresismo social, al tiempo que se alinea con el populismo conservador global de corte trumpista. Este giro potencial del PAN hacia la ultraderecha genera tensiones internas, incluso con figuras como Diego Fernández de Cevallos, quien encarna muchas de las posturas que dice rechazar.

A todo ello se suma el descrédito ético de la dirigencia panista. Las acusaciones de corrupción alcanzan a Romero, Ricardo Anaya, Marko Cortés, Cabeza de Vaca, Ernesto Cordero, y otros líderes del partido, alejando cada vez más al PAN de los ideales de sus fundadores, Gómez Morín y González Luna. En conclusión, el relanzamiento del PAN deja más preguntas que respuestas. Si el partido busca redefinir su identidad política, el dilema es claro: su giro hacia la ultraderecha será católico o no será.

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