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Amazonía al borde del colapso: el pulmón verde del planeta se acerca a un punto de no retorno

Ciudad de México, 12 de noviembre del 2025

En medio de la COP30, que está celebrando en Belén, Brasil, la comunidad internacional vuelve la mirada hacia la Amazonía, el mayor bosque tropical del planeta y uno de los ecosistemas más importantes para frenar la crisis climática. Su deterioro avanza con rapidez alarmante y los científicos advierten que la selva podría estar cruzando un punto de inflexión del que no podrá recuperarse.

La Amazonía abarca más de 6.7 millones de kilómetros cuadrados, compartidos por varios países sudamericanos, y alberga una de las mayores concentraciones de biodiversidad del mundo: más de 40 mil especies de plantas, 1,300 aves, 400 anfibios y 3,000 peces de agua dulce, muchas únicas en la Tierra. Además, funciona como un sumidero natural de carbono, capaz de almacenar más de 70 mil millones de toneladas métricas de CO₂, regulando el clima global y enfriando el planeta mediante una cubierta de nubes que refleja la radiación solar.

Sin embargo, la presión humana ha dejado cicatrices profundas. Se calcula que al menos el 20% del bosque ha desaparecido y otra parte similar se encuentra gravemente degradada por la tala, la ganadería, la minería y la expansión agrícola. En 2022, la deforestación alcanzó su pico más alto en casi dos décadas, con casi 20 mil km² de selva perdidos, y aunque Brasil logró reducir esas cifras en 2023, amplias zonas ya presentan daños irreversibles.

A estos impactos se suma la crisis climática: las sequías prolongadas, las altas temperaturas y los incendios forestales han vuelto más seco un ecosistema que antes era húmedo y resistente al fuego. Solo en septiembre de 2024 se registraron más de 41 mil focos de incendio, la cifra más alta desde 2010.

Estas alteraciones están afectando los llamados “ríos voladores”, corrientes atmosféricas que transportan humedad del Atlántico hacia el interior del continente y que mantienen el equilibrio hídrico de toda Sudamérica.

Al romperse estos flujos, amplias regiones, sobre todo en el sur de Perú y norte de Bolivia, están quedando sin lluvias. Si esta tendencia continúa, advierten expertos como Matt Finer y Erika Berenguer, la Amazonía podría transformarse en una sabana árida, incapaz de regenerarse.

Perder la Amazonía equivaldría a renunciar a la lucha contra el cambio climático. Su desaparición afectaría los patrones de lluvia, la agricultura y la disponibilidad de agua dulce a escala continental y global. Como señala el científico Tasso Azevedo, “la Amazonía es el gigantesco aire acondicionado del planeta”; sin ella, la Tierra perdería su mayor defensa natural frente al calentamiento global.

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