Por: Joshua Hernández.
El reciente ascenso de la derecha en territorios como Bolivia y Chile no es cosa menor. La llegada de un oligarca y un nazi filodictador habla de la despolitización de los jóvenes de la clase trabajadora y de la desarticulación de la izquierda por minucias internas y travestismos ideológicos. Entender que América Latina es pieza clave para los gobiernos progresistas es entender de historia, y los primeros en fracasar en ese entendimiento fueron los funcionarios que prometieron mucho y cumplen poco.
Aunado a ello, se nada a contracorriente, pues se busca detener la inercia histórica de 500 años de saqueos, corrupción, militarismo y parálisis gubernamental que facilitaba la permanencia del colonialismo; además, existen las industrias culturales que reiteran discursos que infantilizan a las personas: redes sociales, Hollywood, Netflix, influencers, musícos… todos dictando de manera sincronizada que el ejemplo a seguir es Estados Unidos y Europa, siendo éstos los promotores de las industrias y el intervencionismo que tanto dañan al sur global.
Los territorios y las poblaciones siguen en disputa. Y, aunque exista una narrativa derrotista, si atendemos los números, la batalla aún sigue favoreciendo a la izquierda en extensión territorial, países y población.
Si se suma las poblaciones del ala derecha (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Panamá, Paraguay, Uruguay, El Salvador y Honduras), se rondan los 160 millones 100 mil habitantes, que se ve opacada al sumar los del ala izquierda (Belice, Brasil, Colombia, Cuba, Guatemala, México, Nicaragua y Venezuela), que rondan los 462 millones 100 mil.
Por ello me parece que se está a tiempo de formar un bloque latinoamericano robusto impulsado por la CELAC que busque favorecer a las clases trabajadoras. Dicha necesidad me parece imperante cuando en 2026 se llevarán a cabo comicios federales en Brasil, Colombia y Perú y, en 2027, las elecciones intermedias de México.
La mejor manera de contrarrestar al aparato de propaganda de occidente es con resultados (los focos rojos son seguridad y acceso a servicios sanitarios); sin embargo, los medios de comunicación, comunicadores, músicos y cineastas que coincidan con la izquierda no deben descuidar sus trincheras, pues los votantes, particularmente los jóvenes, no nada más deben de discernir entre izquierda o derecha, deben ser exigentes y congruentes con sus gobiernos: si se dicen de izquierda y actúan como la derecha, son derecha y en las calles, las instituciones, las urnas y en redes se les debe hacer saber que se salieron del camino.
Es igual de necesario que la clase trabajadora sepa por qué votar por la izquierda es bueno para ellos y su estrato social. Y es igualmente importante movilizarse y tomar las calles en el momento que la “izquierda” se plegue a la derecha. Si el voto de castigo sólo se puede ejercer en favor de la ultraderecha, es mejor iniciar temprano con la purga de los partidos de izquierda. La dignidad no se regatea.








