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IA y política: la Casa Blanca difunde deepfake de manifestante

Ciudad de México, 23 de enero del 2026

La Casa Blanca publicó recientemente en sus redes sociales una imagen de Nekima Levy Armstrong, manifestante arrestada en Minnesota, en la que aparecía con el rostro llorando, sin aclarar que la fotografía había sido digitalmente alterada. Por la mañana, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, compartió la imagen original, mostrando a Armstrong con un rostro sereno e inexpresivo, tras ser arrestada junto con otras dos personas por supuestamente perturbar un servicio religioso en protesta contra la ofensiva migratoria del gobierno federal.

Cerca de 30 minutos después, la Casa Blanca publicó la misma foto, pero modificada digitalmente para mostrar a Armstrong con la boca abierta, la frente arrugada y lágrimas corriendo por su rostro, acompañada del texto “ARRESTADA”, calificándola como “agitadora de extrema izquierda”. La publicación no mencionaba que la imagen había sido editada, y no estaba claro si la alteración se realizó mediante inteligencia artificial o algún otro software de edición.

Consultada por la AFP, la Casa Blanca remitió a un mensaje en X de su subdirector de Comunicaciones, Kaelan Dorr, quien admitió implícitamente la alteración y defendió la publicación, afirmando: “La aplicación de la ley continuará. Los memes continuarán. Gracias por su atención en este asunto”.

Expertos en IA y comunicación política, como Walter Scheirer de la Universidad de Notre Dame, señalan que estas imágenes modificadas representan la versión contemporánea de las caricaturas políticas, aunque critican la falta de decoro cuando son difundidas por canales oficiales del gobierno. Además, se recuerda que la administración de Donald Trump y la Casa Blanca han compartido otras imágenes creadas con IA, mostrando al presidente en situaciones inusuales, como vestido de papa, rugiendo junto a un león o dirigiendo una orquesta en el Kennedy Center.

Este caso evidencia el creciente uso de deepfakes y ediciones digitales en la política estadounidense y plantea dudas sobre la ética y la veracidad de los mensajes difundidos por instituciones oficiales.

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