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A su merced, la política – ¿Qué diablos le pasa a Lilly Téllez?

Por: Rodrigo Sánchez.

En 2017, la exsenadora australiana Pauline Hanson generó una ola de comentarios negativos al utilizar una burka en el Senado de su país para exigir que se legislara la prohibición de esa prenda con el argumento de que representaba un “riesgo a la seguridad nacional”.

En medio de la mofa y el simplismo, Hanson abrió las puertas para que la ultraderecha de ese país se armara de un discurso antiinmigración y antiderechos que ha desembocado en odio y actos de segregación que encuentran voz en los curules legislativos.

En México, la derecha desde los años ochenta se había caracterizado por haber defendido la “libertad económica”, aunque “dejaron” que fluyera con libertad la lucha y conquista de derechos tales como el matrimonio igualitario y la interrupción legal del embarazo.

Sin embargo, con una Cuarta Transformación completamente consolidada en todos los niveles de gobierno, la derecha comienza a tomar tintes radicales, entendiendo que la fuerza de su discurso está en presentarse como una “verdadera derecha”, que enarbola el conservadurismo en todos sus ángulos y que comienza a verse reflejada en ideologías peligrosas.

Uno de estos lamentables casos es el de la senadora plurinominal del PAN, Lilly Téllez, quien esta semana volvió a ocupar titulares tras aparecer como invitada especial del Foro US-MEXICO Policy Summit, organizado por Heritage Foundation y America First Policy Institute, donde recurrió a algunos de los clásicos de la oposición política para justificar sus dichos.

Primero, como no podía faltar, la extitular de ADN Noticias de TV Azteca comparó a México con Venezuela, diciendo el clásico “para allá vamos”, mientras fustigaba a la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien, dicho sea de paso, volvió a acusar de tener vínculos con el crimen organizado.

También invitó a la administración de Donald Trump a vetar a México en la próxima renegociación de los términos y condiciones del T-MEC si es que nuestro país no garantiza “condiciones democráticas”, algo que resulta paradójico, considerando que la senadora tiene la absoluta libertad de acudir a un evento de particulares extranjeros a criticar a la actual administración.

Pero quizá lo más peligroso del discurso de Lilly Téllez es que aseguró que Morena, el partido al que pertenece la actual titular del Ejecutivo, promueve la “ideología woke”, como si esto se tratara del último pecado o como si, en términos de lo real, la Cuarta Transformación realmente fuera progresista, cuando en realidad han sido tibios en temas de conquista de derechos e igualdad.

Al usar este tipo de terminología, Téllez envía un mensaje claro: está dispuesta a quitarse totalmente la “máscara” para así poder generar discursos más polarizantes y que, de acuerdo con su estrategia política, sirvan para atraer a un segmento de votantes que estarían de acuerdo con sus ideas.

Y aunque algunos quieran apuntalar a Lilly Téllez a la presidencia, su cercanía al dueño de Grupo Salinas, Ricardo Salinas Pliego, hace pensar que la también periodista podría articularse más como uno de los brazos ideológicos del empresario, quien ya se encuentra en la construcción de una carrera presidencial con la que quiere emular al mandatario estadounidense Donald Trump.

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