Por: Joshua Hernández.
Es cuestión de tiempo que pague, no hay duda. También, es mejor un mal trato que un buen juicio. Y creo que Ricardo Salinas aún está a tiempo de cerrar un mal trato con el gobierno de Claudia Sheinbaum, pero su ego lo aleja de esta gran oportunidad. De acuerdo con Grisel Galeano, titular de la Procuraduría Fiscal de la Federación, Grupo Salinas ha perdido todos y cada uno de los juicios que ha tenido contra el SAT y la Secretaría de Hacienda, esto quiere decir que cuando la nueva Suprema Corte delibere respecto a los casos, el sentido de las determinaciones será iguales que las instancias anteriores. Entonces, si la táctica de sobornar a Luis María Aguilar ya no es viable, el tío Richie debe adelantarse a las necesidades del Estado conforme al mecanismo de cobro que podría aplicarse.
De acuerdo con Forbes, el patrimonio de Salinas Pliego es de 5.5 mil millones de dólares (MMDD), y si traducimos los famosísimos 74 mil millones de pesos que le debe al SAT a esta moneda, se obtiene el resultado de 4 MMDD. Esto quiere decir que, de realizarse el cobro de todo lo que adeuda, muy probablemente se procederá con embargos masivos de bienes, acciones y propiedades (porque su dinero en efectivo no le va a alcanzar), lo que plantea un gran reto para México: ¿cómo transformar de manera eficiente ese patrimonio en hospitales, medicamentos, escuelas, seguridad, infraestructura o programas sociales?
Supongamos que parte de la deuda se cubre con Total Play, compañía valuada en 800 MDD, ¿después qué?, ¿se integraría al servicio de telecomunicaciones de CFE?, ¿qué pasaría con sus empleados?, ¿qué pasaría con sus clientes? O ¿se subastaría para recuperar su valor en dinero?, ¿quién la compraría?, ¿quién arbitraría la transacción?, ¿qué otro empresario se favorecería?, ¿cómo evitamos un monopolio con esto?, ¿cuánto tiempo tardaría el proceso? No es tarea fácil cobrarle y tampoco administrar lo cobrado.Lo que yo creo es que la administración de Sheinbaum Pardo necesita liquidez para continuar con la transformación y embargar los bienes de Ricardo, aunque sea un gran primer paso en nombre de la justicia social, deja el problema de materializar esos recursos en bienestar para el pueblo. Por lo que la última carta que le queda por jugar a Ricardo Salinas es, irónicamente, la de abonos chiquitos: decirle a la presidenta: “te voy a pagar lo que tú demostraste que debo; es más, ponle intereses por arriba de la inflación, pero dame chance de pagarte a 12 años”, con eso se garantizan ingresos considerables para la 4T lo que queda del sexenio y para el que viene (que no nos engañemos, también lo va a ganar Morena). Sin embargo, el abonero más famoso de México quedaría profundamente humillado si ahora es él quien debe pagar en abonos (con intereses, esto es muy importante). En este punto, creo que Ricardo tiene dos opciones: acariciar la bancarrota o la pérdida de la tutela moral de la oposición, porque la manera en que pierda esta batalla (porque es un hecho que ya perdió) definirá su tan anhelada candidatura a la presidencia de México en 2030.








