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Mientras Morena pelea, Samuel conecta.

Por: Rafael Páramo.

La política tiene una regla sencilla que a veces los partidos olvidan, esta es que la gente rara vez premia al que hace más ruido; y suele premiar al que entrega resultados. Y mientras en Nuevo León, Morena consume buena parte de su energía resolviendo pleitos internos, el gobernador Samuel García parece haber entendido que la conversación ciudadana va por otro lado.

Hoy la gente habla del Mundial, de los nuevos espacios públicos, de la movilidad, de las inversiones y de la infraestructura que quedará como legado. Mientras tanto, en Morena siguen hablando de coordinaciones, candidaturas, juicios políticos y disputas internas. Como si no existiese un contexto sumamente complicado a nivel nacional para los guindos. Pero al final, son dos conversaciones completamente distintas. Y la segunda, francamente, cada vez conecta menos con el ciudadano.

La visita de Ariadna Montiel, lideresa nacional de Morena, buscaba transmitir una imagen de orden y autoridad. La intención era cerrar filas rumbo al 2027 y enviar el mensaje de que Morena tiene el control de Nuevo León. Pero no fue exactamente lo que ocurrió. Al parecer, lejos de apagar incendios, terminó alimentándolos.

Los egos, de por sí frágiles, salieron más lastimados que fortalecidos. Diputados molestos, aspirantes inconformes, militantes excluidos y una sensación general de que las decisiones ya venían tomadas desde antes de llegar a Monterrey.

Las versiones que circularon después de la reunión hablan por sí solas. Que a Jesús Elizondo y Mario Soto no los dejaron entrar. Que la llamada «Tía Tatis» salió evidentemente molesta. Que nadie tuvo derecho de réplica. Que nadie pudo hablar. Si eso pretendía ser un ejercicio de unidad, terminó pareciéndose más a una reunión donde el silencio era obligatorio.

Y como si el panorama no fuera suficientemente complicado, Mario Soto anunció este lunes que deja la coordinación de la bancada de Morena en el Congreso local. Oficialmente se habla de una rotación previamente acordada. Políticamente, sin embargo, el movimiento refleja algo más profundo, que Morena vuelve a quedarse sin liderazgo legislativo justo cuando más necesita cohesión.

No deja de llamar la atención que el mismo bloque que intentó construir un juicio político en contubernio con el PRIAN, en contra el gobernador ahora ni siquiera logre ponerse de acuerdo entre sus propios integrantes. Algunos ya acusan a Soto de estar demasiado cerca de Samuel García; otros cuestionan el rumbo del partido; y varios aspirantes a la gubernatura tampoco terminan de aceptar las señales que llegan desde el centro del país. El resultado es un partido navegando sin brújula a poco más de un año de la elección.

Y el juicio político tampoco parece ayudarles. Más allá de las diferencias políticas, resulta difícil construir un caso sólido cuando buena parte de la narrativa pública termina descansando en notas periodísticas y no en elementos jurídicos contundentes. Eso explica por qué ni dentro del propio bloque opositor existe un entusiasmo unánime para empujar esa estrategia.

Mientras tanto, afuera ocurre algo completamente distinto.

Samuel García aparece recorriendo los espacios públicos construidos para el Mundial, conviviendo con ciudadanos, saludando familias y disfrutando una infraestructura que, más allá del torneo, permanecerá durante décadas como patrimonio de la ciudad. Podrá gustar o no su estilo relajado, su conocido modo party, pero políticamente el mensaje conecta con una ciudadanía que hoy parece mucho más interesada en disfrutar los resultados que en seguir una guerra legislativa.

Y ahí está quizá el verdadero problema para Morena. Las encuestas siguen colocándolo en segundo o incluso tercer lugar rumbo al 2027. Ninguno de sus perfiles despega con claridad y las fracturas internas sólo alimentan la percepción de improvisación. Si a eso se suma la llegada de figuras como Alejandro Murat, cuya recepción en Nuevo León distó mucho de ser entusiasta, el panorama se vuelve todavía más complejo.

La historia reciente ya ofrece un espejo incómodo, Coahuila. Un partido dividido, candidaturas desgastadas, disputas internas y una oposición incapaz de construir un proyecto competitivo. La política siempre deja una enseñanza. Cuando los partidos se obsesionan con sus propias batallas internas, dejan de escuchar la conversación que realmente importa. Y hoy esa conversación no gira alrededor de coordinadores legislativos, egos lastimados o reuniones privadas. La gente quiere seguridad, movilidad, empleo y resultados.

La verdadera disputa rumbo al 2027 no está en los pasillos del Congreso, sino en la calle.

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