Monterrey, 5 de noviembre del 2025
La Estación Espacial Internacional (EEI) alcanzó un hito histórico al cumplir 25 años de ocupación ininterrumpida. Desde su inauguración, cerca de 300 personas —en su mayoría astronautas profesionales, pero también turistas y cineastas— han pasado por sus módulos.
El 2 de noviembre del año 2000, los primeros residentes permanentes abrieron la escotilla de la estación: el estadounidense Bill Shepherd y los cosmonautas rusos Serguéi Krikaliov y Yuri Gidzenko. La tripulación, que llegó dos días después de despegar desde Kazajistán en un cohete Soyuz, habitó la entonces modesta estación de tres compartimientos durante casi cinco meses, dejándola no solo operativa, sino también habitable.
Hoy, Shepherd y Krikaliov integran un comité asesor de la EEI. A pesar de las tensiones políticas entre Estados Unidos y Rusia, Shepherd destaca que la cooperación entre astronautas y agencias espaciales sigue siendo sólida.
Según datos de la NASA, 290 personas de 26 países han visitado la estación; actualmente hay siete tripulantes a bordo, representando a Estados Unidos, Rusia y Japón. Aunque la mayoría viaja en misiones oficiales, el empresario Dennis Tito marcó un precedente en 2001 al convertirse en el primer turista espacial. Rusia, en busca de ingresos, continuó recibiendo visitantes privados, incluyendo a un equipo de cine en 2021.
Con el tiempo, la NASA adoptó también el turismo espacial, promoviendo estancias comerciales de dos semanas. Hace poco, una misión privada incluyó a los primeros astronautas en décadas de India, Polonia y Hungría, acompañados por la comandante Peggy Whitson, quien resumió el espíritu de la EEI: “El espacio une a las personas”.
Aunque las operaciones parezcan rutinarias, los desafíos no han faltado: fugas de aire, acoplamientos descontrolados, problemas técnicos y la amenaza de los desechos espaciales. Shepherd admite que le asombra que la estación siga activa, considerando que ha superado con creces su vida útil prevista.
Un “hotel” entre las estrellas
Desde aquella primera expedición, la EEI se ha transformado radicalmente. “Hoy es como un hotel de cuatro estrellas”, bromea Shepherd. Con el tamaño de un campo de fútbol, cuenta con múltiples laboratorios, conexión a Internet y una cúpula acristalada que ofrece vistas espectaculares de la Tierra.
El canadiense Chris Hadfield incluso interpretó Space Oddity de David Bowie desde ese mirador. Además, los experimentos con cultivos han permitido cosechar chiles, flores e incluso probar una máquina de espresso y un horno de galletas. Sin embargo, aún no existen duchas ni lavandería: las limpiezas son con esponjas y la ropa sucia se descarta.
Durante estos años, los astronautas han vivido tanto alegrías como tragedias personales en órbita: matrimonios, nacimientos, pérdidas familiares y emergencias médicas, como la detección de un coágulo en la yugular de un tripulante. También se llevaron a cabo estudios pioneros, como el experimento con los gemelos Kelly, que comparó los efectos de la vida en el espacio en dos cuerpos genéticamente idénticos.
El futuro de la vida en órbita
La NASA planea retirar la EEI a principios de 2031, contratando a SpaceX por cerca de mil millones de dólares para guiar su reentrada controlada sobre el Pacífico. Antes de eso, empresas privadas como Axiom Space ya preparan sus propias estaciones comerciales, diseñadas para continuar la presencia humana en el espacio sin interrupciones.
La era de la EEI se acerca a su final, pero su legado —un cuarto de siglo de cooperación internacional, ciencia y vida en microgravedad— seguirá orbitando en la historia de la humanidad.








