Monterrey, 5 de noviembre del 2025
Los resultados de las recientes elecciones estatales y locales en Estados Unidos reflejaron, en parte, un referendo sobre la era de Donald Trump y, al mismo tiempo, el surgimiento de una nueva generación progresista que está transformando la política nacional. En el centro financiero del mundo, Nueva York eligió como alcalde a un socialista democrático.
Zohran Mamdani, joven inmigrante musulmán y socialista, alcanzó una victoria con repercusiones nacionales al ser electo alcalde de la ciudad más grande y rica del país. Su triunfo se dio pese a la oposición de poderosos sectores políticos y económicos, entre ellos multimillonarios como Elon Musk y Michael Bloomberg, miembros del propio Partido Demócrata e incluso el presidente de Estados Unidos, quien había respaldado a Andrew Cuomo.
El mandatario llegó a advertir que reduciría el apoyo federal a Nueva York si Mamdani ganaba, tildándolo de “comunista”.
Su victoria, afirmó su mentor Bernie Sanders, demuestra que un candidato progresista con un programa de justicia económica y un movimiento popular puede vencer a la élite y a su influencia en el sistema electoral. “Este mensaje —insistió Sanders— resuena en todo el país”.
Mamdani no fue el único socialista democrático en competencia. En Seattle y Minneapolis también se presentaron candidatos de esa corriente frente a figuras del ala tradicional demócrata.
En contraste, en Virginia, la exagente de la CIA Abigail Spanberger, una demócrata moderada, ganó la gubernatura con un mensaje contra el “caos” asociado a Trump. En Nueva Jersey, otra demócrata centrista, Mikie Sherrill, exoficial naval, triunfó en medio de amenazas que interrumpieron brevemente la jornada electoral.
Las dos contiendas a gobernador en disputa fueron ganadas por opositores a Trump. En California, los votantes aprobaron una medida impulsada por los demócratas para rediseñar el mapa electoral a su favor, una respuesta a maniobras republicanas en otros estados.
Sin embargo, la atención nacional se concentró en la elección de Nueva York. La participación electoral alcanzó niveles no vistos desde 1969, con más de dos millones de votos. Aunque aún no hay cifras definitivas, la magnitud del respaldo a Mamdani definirá su fuerza política. Su campaña movilizó a más de 100 mil voluntarios y atrajo apoyo diverso: jóvenes, inmigrantes del sur de Asia, latinos, africanos, indígenas y comunidades de distintas religiones.
En esta metrópoli multicultural, donde se hablan unos 200 idiomas, los mensajes de campaña y las celebraciones reflejaron la diversidad de sus habitantes. Nueva York eligió así a un líder que encarna el contraste total con Trump: inmigrante, musulmán y socialista.
Durante su discurso de victoria en el Teatro Paramount de Brooklyn, Mamdani calificó su triunfo como el inicio de un proyecto colectivo para construir una ciudad más justa y accesible. Citó al histórico líder socialista Eugene Debs y a Nehru, y dedicó su victoria a la clase trabajadora: tenderos yemeníes, abuelas mexicanas, taxistas senegaleses y muchos más.
“Esta victoria es de ustedes”, proclamó. “La esperanza está viva… y desde hoy, esta ciudad de inmigrantes será liderada por un inmigrante”.
Dirigiéndose a Trump, lanzó una advertencia: “Si atacas a uno de nosotros, tendrás que enfrentarte a todos”.
Y reafirmó: “Soy joven, soy musulmán, soy socialista democrático, y no me disculparé por ello”. A nivel nacional, los resultados de las elecciones —marcadas por una alta participación en estados clave como Nueva York, Virginia y Nueva Jersey— reflejan un creciente rechazo a las políticas de Trump. Aunque los republicanos denunciaron fraude sin pruebas, las encuestas de salida mostraron una clara desaprobación a su gobierno.
En Nueva Jersey y Virginia, la mayoría expresó sentirse frustrada con la dirección del país. Pese a ello, Trump intentó desvincularse de los resultados, aunque quedó claro que su figura fue un factor central en las votaciones.








