Google alcanzó un acuerdo para permitir que el Departamento de Defensa de Estados Unidos utilice sus herramientas de inteligencia artificial en entornos clasificados, sumándose a otras compañías tecnológicas que colaboran con el aparato militar, según reportes difundidos este martes.
El convenio autoriza al Pentágono a emplear modelos de la empresa para “cualquier propósito gubernamental legal”, incluyendo aplicaciones sensibles dentro de redes seguras.
La decisión se dio a conocer un día después de que más de 600 empleados enviaran una carta al director ejecutivo, Sundar Pichai, en la que exigieron frenar cualquier cooperación secreta con fines militares.
En la misiva, trabajadores de distintas áreas —incluyendo DeepMind y Google Cloud— alertaron sobre riesgos éticos relacionados con el posible uso de la IA en vigilancia masiva, armas autónomas y operaciones sin supervisión pública.
Los firmantes advirtieron que los proyectos clasificados dificultan la rendición de cuentas y podrían derivar en un “daño irreparable”, al tiempo que recordaron el precedente de 2018, cuando la empresa abandonó el Proyecto Maven tras protestas internas.
De acuerdo con los reportes, el contrato incluye disposiciones que prohíben el uso de la tecnología en vigilancia masiva dentro del país o en armas completamente autónomas sin supervisión humana. No obstante, especialistas señalan que Google no tendría facultad para vetar operaciones gubernamentales legales, lo que ha generado dudas sobre la efectividad de estas restricciones.
El acuerdo también contempla la posibilidad de que la empresa colabore en ajustes de filtros y configuraciones de seguridad a solicitud del gobierno.
La decisión se enmarca en un contexto de creciente competencia tecnológica, donde la inteligencia artificial se ha convertido en un recurso estratégico para defensa, análisis y logística militar. Compañías como OpenAI y xAI han establecido acuerdos similares, mientras que Anthropic ha perdido terreno tras intentar imponer límites más estrictos al uso de su tecnología.Este movimiento refleja un cambio en la postura de Google, que durante años buscó mantenerse al margen del desarrollo directo de aplicaciones militares. Actualmente, la empresa sostiene que su participación responde a principios de “uso responsable”, aunque persisten críticas internas y externas sobre el impacto ético de esta colaboración entre el sector tecnológico y la defensa.







