El Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Nuevo León (IEEPCNL) acaba de escribir una de las páginas más vergonzosas de su historia reciente. Cuando tenía la oportunidad de dar un paso firme en defensa de los derechos políticos de las mujeres y de garantizar que la gubernatura y alcaldías sean espacios de verdadera paridad, prefirió recular. Con un movimiento tibio, lleno de cálculo y miedo, los consejeros decidieron “pasarle la bolita” al Congreso local.
La decisión no es menor. Se trata de definir si las próximas elecciones en Nuevo León darán lugar a una gubernatura en la que, por primera vez, compitan solo mujeres. También, si habrá municipios que jamás han sido gobernados por una mujer y que, bajo criterios de paridad, tendrían que abrirse a esa posibilidad. Pero en lugar de defender un principio elemental de democracia —el de igualdad—, el Instituto electoral eligió el camino más fácil: lavarse las manos.
No se puede pasar por alto la ironía. La presidenta del IEEPCNL, Beatriz Camacho, coordinó hace apenas unos años el reporte nacional Violencia contra las mujeres en la arena política. ¿Y ahora? Se desentiende, como si la paridad fuera un adorno y no un derecho conquistado a pulso. Por su parte, consejeros como Carlos Alberto Piña Loredo, con antecedentes de cercanía editorial a quienes suelen atacar sin pruebas a la administración estatal, tampoco levantaron la voz. La vieja política sabe presionar, y parece que funcionó.
El mensaje es devastador: cuando se trata de defender espacios para las mujeres, el árbitro electoral se esconde. Y lo hace justo en un momento en que México avanza con pasos históricos, como la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia. Nuevo León pudo colocarse como ejemplo nacional de paridad, pero sus consejeros eligieron la tibieza.
La ciudadanía no es ingenua. Sabe que detrás de esta decisión hay miedo: miedo a que la única candidata sólida sea Mariana Rodríguez, miedo a que una mujer con proyecto y respaldo ciudadano pueda disputar espacios que la vieja política se resiste a soltar. Pero los derechos no pueden depender de los temores de unos cuantos consejeros.
La paridad no es un capricho ni una cuota; es una herramienta para construir una democracia más justa, representativa y eficaz. Y hoy, con su silencio, el Instituto Estatal Electoral de Nuevo León no solo entorpeció ese camino, también dejó claro que cuando la igualdad incomoda al poder, prefiere mirar hacia otro lado. Esa tibieza tiene un costo, y lo pagamos todas y todos.








