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Los cuidados no son moda progresista.

Por Laura Campos Guido – @laura_camposguido

El 29 de octubre se conmemora el Día Internacional de los Cuidados, una fecha que nos invita a mirar de frente una de las dimensiones más invisibilizadas de la vida: el trabajo de cuidar. Por décadas, cuidar fue considerado un deber femenino, una tarea privada y sin valor económico, un acto de amor, esfuerzo y sacrificio romantizado. Hoy, hablar de cuidados no debe de ser seguir una moda ni sumarse a un discurso progresista: es hablar de derechos humanos, de justicia y de cómo se sostiene la vida cotidiana en un país profundamente desigual.

El reconocimiento del derecho al cuidado implica mucho más que promover la corresponsabilidad entre hombres y mujeres. Significa reconocer que todas las personas —niñas, niños, personas adultas mayores, con discapacidad o enfermas— tienen derecho a recibir cuidados dignos, y que todas las personas cuidadoras tienen derecho al autocuidado y a cuidar sin poner en riesgo su bienestar, su tiempo ni su autonomía. Este cambio no es solo cultural: es estructural y político.

México ha dado pasos importantes en esta dirección. La creación de la Ley General del Sistema Nacional de Cuidados en 2024 representa un avance histórico: por primera vez, el Estado reconoce que cuidar no es un asunto privado, sino una obligación pública y compartida. Esta ley abre la puerta a políticas que buscan redistribuir el tiempo, los recursos y las responsabilidades que durante siglos recayeron casi exclusivamente sobre las mujeres.

En Nuevo León y particularmente en Monterrey, también se han visto avances que merecen destacarse. Durante la administración de Luis Donaldo Colosio Riojas, se impulsaron programas que colocaron los cuidados en el centro de la política social municipal: centros comunitarios con servicios de atención infantil, apoyos a personas mayores y acciones de sensibilización sobre el valor del trabajo doméstico y de cuidados; todo en el marco del Sistema Municipal de Cuidados encargado de desarrollar las políticas públicas encaminadas a reconocer, redistribuir, reducir y representar el trabajo de cuidados.. No se trató de iniciativas aisladas, sino de una visión que entiende los cuidados como una política de igualdad y bienestar, no como un servicio asistencial.

Sin embargo, el verdadero reto está en consolidar un cambio de paradigma. La agenda de cuidados no puede quedarse en el papel ni en la retórica de la corresponsabilidad. Requiere educación, información y difusión sostenida. Requiere transformar la forma en que concebimos el tiempo y el valor social de las tareas de cuidado. Y, sobre todo, requiere que las instituciones de justicia, salud, educación y empleo reconozcan los cuidados como un derecho exigible y garantizable, no como un favor o una ayuda.

El futuro del país depende, literalmente, de los cuidados. Porque cuidar es sostener la vida, y garantizar el derecho a cuidar y ser cuidado es garantizar la dignidad humana. Este Día Internacional de los Cuidados nos recuerda que la igualdad no será real mientras el sistema que sostiene la vida siga descansando, en silencio, sobre los hombros de las mujeres.

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