Por Joshua Hernández.
Nueva nave, mismo destino. Hace décadas, la derecha mexicana se subió al barco de la tecnocracia para aparentar otra cosa: un gólem amorfo y sin consistencia que timó a muchos en el 2000 para hacer pensar que era una especie de paladín de la transición democrática; después, tras revelarse como en realidad era, tuvo que hacer un fraude electoral para ganar en 2006. Hoy, que el modelo neoliberal se agotó, este grupo aprendió a decir «mueran, zurdos de mierda» y encontró, entre desencantados e ignorantes, un nuevo vehículo para volverse ultra y pensar que la coyuntura global los favorecerá rumbo a las elecciones de 2027 y 2030…todo esto en nombre de la libertad.
¿En verdad este proyecto tiene viabilidad política?
Para empezar, no hay proyecto. Lo que concatena el PAN es un cúmulo de personas con intereses en común; no necesariamente un plan unificado para cambiar el rumbo de México, sino un puñado de viejos perfiles, profundamente enardecidos, que quieren regresar a sus privilegios.
Por ello, llama la atención que de lo más interesante que anunció con su mal llamado «relanzamiento» fue la posibilidad de que, si eres un joven que se afilia al PAN, te puedes ganar un iPhone 17. Y más que propuesta, demuestra una fuerte debilidad: la afiliación.
Hasta ese momento, el Partido Acción Nacional tiene un padrón de poco más de 318 mil personas, cuando el mínimo es de 260 mil, por lo que, para hacerle frente al oficialismo debe robustecer sus bases. No sólo para poder dar la lucha, sino para evitar la extinción.
Con la subsistencia garantizada, el PAN debe pasar a una segunda etapa: diferenciar entre propuestas y marcas, porque el relanzamiento publicitario del albiazul con un nuevo logotipo, más que demostrar músculo, evidenció la fragilidad de sus principios como un huevo sin yema ni clara: puro cascarón.
Si llegan a encontrar un nuevo sendero, que los vincule verdaderamente con la gente que aún no ha sido encontentada por la 4T, deberán pasar al siguiente paso: cómo lidiar con la corrupción interna.
Y es que no es tarea fácil, tras el discurso de Jorge Romero, presidente del PAN, algunos perfiles que se habían alejado del partido (como Felipe Calderón, Roberto Gil Zuarth o Maximiliano Cortázar Lara) dijeron que, de ser real lo dicho por el líder albiazul (que no dijo nada nuevo), podrían regresar.
Es decir, con nada nuevo sobre la mesa, los viejos de siempre, quieren regresar al «nuevo» PAN, para hacer esas cosas nuevas que dicen que van a hacer, pero no es cierto, sólo se radicalizaron. En realidad, con los pies muy lejos de la tierra, ven en el ascenso de la ultraderecha global el caldo de cultivo necesario para ganarle terreno a la 4T en 2027 y 2030.
Personalmente no me angustia la ultraderecha panista, lo que me preocupa es la falta de oposición. Las oposiciones equilibradas y sobrias son sanas, son las que obligan al oficialismo a plantear agendas de vanguardia y cada día más complejas para satisfacer las necesidades del pueblo, precisamente para que la gente siga votando por ellos; no obstante, cuando el PAN, “la fuerza opositora más grande de México”, promueve esta agenda, perfiles y planteamientos, la conclusión más obvia es que Morena no sentirá la necesidad de hacer ejercicios profundos de reflexión para transformar radicalmente a la república. Simplemente no lo necesita.








