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La vulneración de los cuerpos, una frontera frágil en México

Monterrey, 5 de noviembre del 2025

Estos días Santa Úrsula ha sido escenario de un incidente insólito y sumamente perturbador en lo que respecta a la atención médica y la violencia hacia los cuerpos. En el centro de salud «Dr. Gustavo A. Rovirosa Pérez» alcaldía de Coyoacán, de la Ciudad de México, el doctor Arturo «N» fue acusado de abusar sexualmente de una paciente durante una consulta. El sujeto es investigado por el delito de violación equiparada agravada, en contra de una mujer, quien acudió a consulta de seguimiento para su salud.

Durante esta revisión se le acusó de aprovechar la situación y su principio de autoridad como servidor público y especialista de la salud, para abusar de la paciente haciendo pasar su acto como una intervención necesaria en la revisión, saltándose completamente cualquier protocolo profesional y racional.

Esta violación puede perpetrarse si considera el hecho de en una revisión médica las pacientes se encuentran en una en una posición completamente vulnerada, en la que se ejerce una coerción implícita dado que se está jugando la salud de un individuo y con ello la posibilidad habitar un cuerpo, una vida sana y plena. Esta situación fuerza al paciente a «confiar» en las credenciales de profesionalidad y el prestigio social que se tiene a los especialistas de la salud, sometiendo el cuerpo al criterio y poder que pueden ejercer en su posición.

Se solicitó una orden de aprehensión en contra del doctor Arturo «N» puesto que se ausentó de la audiencia inicial tras ser denunciado por la víctima por la FGJCDMX. Tiempo después se notificó entre sus conocidos el fallecimiento en su domicilio, hecho que generó incertidumbre dado que se sabía que su apartamento había sido desalojado antes de la noticia. Es bajo estas circunstancias sospechosas y para sorpresa de muy pocos, que este pasado 28 de octubre el doctor Manuel fue encontrado en el municipio de Tolcayuca, Hidalgo por agentes de la policía de Investigación.

Pasa y resulta que además se atrapó al sujeto intentando escapar de la ley falsificando una acta de defunción, firmada por su propia hija, facilidad que tuvo dada su posición y experiencia trabajando en el sector salud.

El acusado fue trasladado a la Ciudad de México para responder por sus crímenes, siendo puesto bajo prisión preventiva en lo que se determina la investigación complementaria para su proceso. Actualmente el doctor se encuentra preso en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, fijándose un plazo de dos meses para el cierre de la investigación complementaria. 

¿Qué está ocurriendo? A la par que se desenvuelven estos sucesos, estos días se ha vuelto viral un video en el que se observa como la misma presidenta de la nación es víctima de acoso durante un acto tan habitual como puede ser un mitin público. El peso de las imágenes sobre los ojos es abrumador, un golpe de realidad que habitan las mujeres en este país, constituyéndose como una muestra de la facilidad con que puede ser transgredidas y violentadas las fronteras del cuerpo.

La yuxtaposición de estas historias nos deja ver la multitud de dimensiones en las que se perpetua esta violencia, haciéndose presente de manera cuasi-universal en las diferentes esferas que atraviesan las vidas. Desde la cotidianidad de un encuentro público hasta una revisión donde se juega un vínculo profesional tan delicado el de salvaguardar la vida, desde la mujer de a pie a la máxima representante del poder ejecutivo en el territorio mexicano.

La reflexión sobre los principios bioéticos básicos de justicia, no maleficencia y respeto a la autonomía, nos pueden brindar pautas para acercarnos a ejercer una atención médica más humana y sensible, donde se prioricé y respete la integridad de las personas así como su poder y capacidad de decidir libremente en lo que concierne al cuerpo como la primera frontera, entendiéndolo como el territorio primordial que habitamos todos según lo plantean las geografías feministas.

Queda adelante aún un largo trecho por recorrer para hacer valer plenamente esta justicia histórica, dónde se pueda resolver mínimamente la paradoja de ejercer una salud que violenta el bienestar, e ir más allá, hasta una verdadera liberación de los cuerpos.

Toca abandonar y desmantelar ese lugar dónde se ejerce una crueldad sutil disfrazada de servicio donde se reduce a los cuerpos a una masa, un objeto ignorante e incapaz, que en el peor de los casos puede ser blanco de perversiones y violencias oscuras en un entorno vulnerable, dónde estos eventos pueden ocurrir con completa impunidad.

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