Por: Joshua Hernández.
No se puede pelear contra el argumento histórico, de causa/consecuencia ni de ejemplo. Que la oposición se cierre al diálogo y a un negacionismo abyecto, obviamente desnuda que no tienen qué ofrecer en materia política. Y en esta falta de propuestas y de dinamismo en su estrategia comunicacional va a seguir siendo capitalizada por el oficialismo.
La reforma, cuyo texto definitivo aun no sale a la luz, promete, a través de tres objetivos, garantizar objetivos claros para Morena (no para la coalición) y la llamada austeridad republicana; sin embargo, de no llegar a buenos términos con el PT y PVEM, ésta iniciativa se va a quedar en el tintero.
El primero, es reducir el presupuesto a los organismos electorales locales para robusteser el trabajo del INE, centralizando las responsabilidades en un solo instituto, lo que facilita su fiscalización y genera ahorros respecto al sentido permanente de las OPLEs.
El segundo, es reducir el presupuesto otorgado a partidos políticos, al respecto, se espera una nueva forma de calcular los ingresos que obtienen del erario (estatal y nacional) respecto a sus militantes y votaciones ganadas. Esto se traduce en una desmantelación sistémica de los políticos que confundan X (antes Twitter) con territorio. En otras palabras, las granjas de bots tendrán menos efecto y se hace patente la frace «más territorio, menos escritorio».
Y el tercero, es reducir la cantidad de legisladores federales y locales, particularmente los plurinominales. Por ello, no fue sorpresa para nadie que los líderes del PRI y PAN salieran a decir que se trata de la «Ley Maduro» (un absurdo que sólo funciona en la cabecita llena de bótox de un líder opositor muy connotado). No obstante, al tratarse de la representación de partidos con baja votación, el PT y el Verde podrían verse afectados.
Los escenarios para que pase esta iniciativa son muchos y no todos se antojan tan transparentes. Bien podría acordar la coalición oficialista una aprobación en las cámaras y después una adisción masiva a Morena; otra posibilidad es que acuerden una reducción gradual de los pluris, los escaños y curules para ver cómo se acomodan los que más votos puedan atraer al bando oficial; otra posibilidad es que no lleguen a ningún acuerdo y se modifique la iniciativa para mantener un Congreso de 628 personas…
En fin, posibilidades hay muchas del lado de Morena, pero lo que está más que claro es que la oposición no sabe legislar, no sabe presentar textos argumentativos que puedan refutar la postura de la 4T en tiempos de sensibilidad parlamentaria y, dadas las sircunstancias, se decantaron (de nuevo) por el insulto y la denostación fácil.
El PRI y el PAN caminan en la plancha del olvido y, en vez de proponer, algo, lo que sea, quieren inundar X con dichos tan faltos de verdad que ni sus votantes los replican. 2026 pinta para transformar el modelo electoral mexicano y la oposicón, esa que sólo captó el 27% de los votos, no se dio cuenta que su tiempo de reflexión/reagrupamiento terminó. Ahora, les toca terminar de desaparecer.
¿Qué ocurrirá después de las elecciones de 2027?, ¿Qué hará Morena sin oposición que les reclame los próximos años?.








