Para las mujeres mapuche de la Patagonia argentina, el agua representa mucho más que un recurso natural. En su cosmovisión es el ko, una fuerza vital relacionada con el territorio, mientras que cada componente de la naturaleza posee su propio newen. Desde esta perspectiva, la llegada de grandes infraestructuras digitales suma una nueva presión a una región afectada por la escasez de agua.
Moira Millán, weychafe —“guerrera” en mapudungun— de la comunidad Lof Pillán Mahuiza, en Chubut, advierte que el deterioro de los ríos tiene consecuencias directas sobre las comunidades. La falta de agua, sostiene, ha provocado que algunas familias abandonen sus territorios ancestrales. En comunidades como Nahuelpan, mujeres como Nélida Askalipe deben recorrer varios kilómetros para abastecer de agua a sus hogares.
La preocupación se relaciona ahora con los planes del gobierno de Javier Milei para impulsar inversiones en infraestructura de inteligencia artificial. En junio, el Ejecutivo presentó el llamado Súper RIGI, una ampliación del régimen de incentivos para grandes inversiones que contempla beneficios fiscales y regulatorios para proyectos de gran escala, entre ellos los megacentros de datos.
Uno de los proyectos que genera inquietud es Atlas GigaHub, previsto para la Zona Franca de Trelew, Chubut. La iniciativa contempla una capacidad cercana a 3 mil megavatios y hasta 10 mil megavatios de generación renovable y almacenamiento. Sin embargo, pese a su presentación como un proyecto sustentable, todavía no se ha precisado cuánta agua requerirá.
El tema cobra especial relevancia porque Chubut declaró en agosto la emergencia hídrica, mientras otras provincias patagónicas también enfrentan sequías y restricciones.
Los centros de datos necesitan grandes cantidades de electricidad y agua para refrigerar sus servidores. La Agencia Internacional de Energía calculó que estas instalaciones consumieron alrededor de 560 mil millones de litros de agua en 2023 a nivel mundial, aunque la falta de información dificulta dimensionar sus impactos locales.
Organizaciones ambientalistas y comunidades mapuche cuestionan además la ausencia de una regulación específica para los centros de datos y sus efectos sobre los ecosistemas hídricos. Temen que el agua termine considerada únicamente como un insumo para atraer inversiones.
Para las mujeres mapuche, la defensa del agua forma parte de una lucha más amplia contra la minería, el fracking, los incendios y otros proyectos extractivos. A esta acumulación de daños la denominan “terricidio”, concepto que alude a la destrucción del territorio y de las formas de vida que dependen de él.








