Estados Unidos lanzó una serie de ataques militares contra objetivos en el sur de Irán en medio de las negociaciones diplomáticas entre ambos países para alcanzar un nuevo acuerdo regional, provocando una nueva escalada de tensiones en el estrecho de Ormuz.
De acuerdo con reportes oficiales, fuerzas estadounidenses atacaron dos embarcaciones de la Guardia Revolucionaria iraní frente a las costas de Bandar Abbás, bajo el argumento de que se preparaban para colocar minas marítimas en la zona. El operativo dejó cuatro militares iraníes muertos.
En respuesta, la Guardia Revolucionaria aseguró haber derribado un dron estadounidense que ingresó al espacio aéreo iraní y afirmó que también abrió fuego contra otra aeronave no tripulada y un avión de combate. Posteriormente, Washington lanzó nuevos ataques contra plataformas de misiles antibuque iraníes, mientras Teherán respondió con disparos adicionales, en lo que representa la mayor escalada desde el alto al fuego acordado el pasado 8 de abril.
El Ministerio de Exteriores iraní acusó a Washington de violar la tregua con “actos agresivos”, mientras que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, sostuvo que las negociaciones continúan, aunque reconoció que podrían prolongarse varios días más.
Las conversaciones diplomáticas se desarrollan actualmente en Qatar, donde representantes iraníes buscan avanzar en un memorando de entendimiento con Washington. Entre los principales puntos de negociación destacan el desbloqueo de fondos iraníes congelados en el extranjero, la reapertura total del estrecho de Ormuz y el levantamiento parcial de sanciones económicas.
En paralelo, figuras del régimen iraní endurecieron su discurso contra Estados Unidos. El comandante aeroespacial de la Guardia Revolucionaria, Maji Moosavi, calificó las negociaciones como “una pérdida total”, mientras que el líder supremo, Mojtaba Jamenei, aseguró que Israel “se acerca a su fin” y advirtió sobre un nuevo equilibrio regional sin presencia estadounidense.
La crisis también coincide con nuevos ataques de Israel contra posiciones de Hizbulá en Líbano, autorizados por el primer ministro Benjamin Netanyahu. Los bombardeos dejaron al menos 12 muertos en el sur libanés y el valle de Bekaa, aumentando la presión sobre las negociaciones regionales.







